Era 1961 cuando Eduardo Rojas creó y comenzó a comercializar el maravilloso juego "La batalla del Metauro" en España. Era un juego de guerra con figuras que, siendo muy sencillo, brindaba horas de juego a niños y no tan niños en el emocionante mundo de los wargames.
La idea llamó la atención y fue aceptada y licenciada por varias firmas internacionales para su distribución en sus aéreas de influencia. Otro gran éxito del juguete español.
Quizá la más importante de esas licenciatarias fue la alemana Hauser que adquirió la licencia para este de "La batalla del Metauro" y para "Little Big Horn" tal y como aparece en sus catálogos de mediados de los años 60.
Hauser no tenia ni elefantes, ni cajas especificas, ni mapa, ni cubiletes, ni reloj de arena y todo eso fue suministrado desde España. Para muestra, la tapa de la caja que acabamos de conseguir y que es la caja española con una etiqueta de Hauser añadida. Curiosamente, nuestra caja contiene instrucciones mecanografiadas en holandés, lo que nos hace pensar que Hauser también ofreció este producto en ese mercado.
Sin embargo, si que tenia figuras en una bonita escala de 40 mm que añadió para formar el juego aplicando las variantes de pintura azul y roja para diferenciar claramente a los oponentes, ya que en origen eran todos romanos.
Esas figuras en el clásico plástico rígido de Elastolin eran extraordinariamente frágiles y por desgracia sufrían daños constantemente . Su punto bueno era que casaban, en escala, bastante bien con el elefante.
Las composiciones de figuras fueron razonablemente diversas ya que solo había que crear 4 grupos de 4 figuras y un general de entre el nutrido catálogo de romanos de Elastolin.
Para enriquecerlo un poco, hemos añadido un cónsul para representar a Asdrúbal y a un bravo centurión para representar a Marco Lucio Salinator, los generales al mando en la batalla.
Juego que en mi casa se llamó siempre "El juego de mayores", porque mi padre, con buen criterio, me lo guardó durante una temporada para evitar que las torpes acciones de un niño pequeño acabaran destrozándolo. Pasado un tiempo, cuando ya era un poco mayor y con algo más de conocimiento, jugué-y mucho- con el. Gracias papa, tenias razón y esa precaución he permitido que este juguete llegue hasta hoy.











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